«En el carnaval puedo ser quien yo quiera ser»

¡Empezó el carnaval de Holbox!

 

Carnaval. Carnavalito, carnavalito humahuaqueño. Carnaval, pachanga y jolgorio caribeño. Carnaval, ese mismo del que habla “la Celia”. Donde al mal tiempo… buena cara. Tiempos de rumba, jarana y fiesta bacana. Carnaval, ya se escuchan las congas, los bongos, el güiro y si se cuela, una que otra trompeta. Ya vienen las lentejuelas contoneándose y lCarnaval Holbox 3as morenas abriéndose paso, ¡con los timbales amá, con los timbales!

Casi todo el año es verano en la Isla de Holbox. Un cachito de ensueño, situado entre el Golfo y el Caribe mexicano. Casi todo el año, este banco de arena cumple las fantasías invernales de nórdicos desesperados y paisanos maravillados. Holbox es un lugar especial. Área Natural Protegida que alberga una infinidad de biodiversidad. Tierra maya pintada de un azul caprichudo y atardeceres esplendorosos. Costas que ven desfilar flamencos, delfines y si se adentra en ellas, inmensos tiburones ballena. Circo y majestuosidad natural. Holbox es un lugar especial. Y no sólo por lo que lo viste, sino por lo que la hace pulsar. A diferencia de otros destinos de la península, Holbox conserva este encanto de pueblo pequeño. Venir a la isla es vivir una experiencia de familiaridad con el lugar. Lo “local” todavía no desaparece entre quintas avenidas y all-inclusive resorts. Se camina descalzo, se come la pesca del día y se contempla la luna cuando en las noches se va la energía. Aquí todavía hay doñas y dones. Se va a la farmacia de Don Pepe, se compran los cigarros con Doña Machicha y se escucha la mandolina de Don Víctor. Aquí todavía se paga en efectivo, se fía o se deja “pa’ la otra”. Aquí todavía el vuelco del cormorán es función estelar y el silbido de las aves es estruendo.

Sí, casi todo el año es verano en Holbox. Un sueño de esos que te atormentan en horarios de oficina y te hacen hacer maletas. Casi todo el año… menos carnaval. Carnaval es mejor.

Ya decía nuestro único Nobel de Literatura lo que significan para el mexicano sus fiestas. Significan TODO. En esta nación surreal y laberíntica que es México, no hay momento de mayor e irónica franqueza que el carnaval. En “Todos Santos. Día de Muertos”, Paz nos bosqueja:

 

“El solitario ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual. Y esta tendencia beneficia a imaginación tanto como a nuestra sensibilidad, siempre afinadas y despiertas. El arte de las fiestas, envilecido en casi todas partes, se conserva intacto entre nosotros. En pocos lugares del mundo se puede vivir un espectáculo parecido, con sus colores violentos, agrios y puros y sus danzas, ceremonias, fuegos de artificio, trajes insólitos y la inagotable cascada de sorpresas de los frutos, dulces y objetos que se venden esos días en plazas y mercados”.

 

Carnaval Holbox 4El mar es igual en verano, igual en invierno e igual en estos cuatro días de febrero. Los isleños no. La tradición los convierte, los transfigura y los enaltece. Desde hace más de 5000 años, las sociedades, díganse griegas, andinas prehispánicas, sumerias, egipcias o romanas; celebraban fiestas paganas en honor a los dioses. 5000 años después, tras un devenir histórico imposible de resumir, todavía conservamos muestras de tradicionalidad, que, para pena de los tatarabuelos de la humanidad, ya no se encuentran en cualquier bandera.

Hablando con amigos sobre el carnaval de Holbox, comentábamos nuestra preocupación porque la fiesta se saliera de control y nuestra molestia por la falta de paz que reina esos días. Un mood totalmente opuesto al que se respira el resto del año. Luego, releyendo e internando la mirada hacia adentro y hacia atrás. Comprendí que el carnaval, precisamente se caracteriza por esto.

El carnaval es un acto netamente liberador para el mexicano. Genuino e incontenible ¿Qué sería de un mexicano sin sus fiestas? La fiesta y lo que Jorge Portilla llama “la fenomenología del desmadre” está íntimamente ligada a nuestros procesos catárticos, colectiva e individualmente hablando. Sobre esto, un coreógrafo y bailarín de comparsa me explicaba: “En el carnaval puedo ser quien yo quiera ser, sin pedirle permiso a nadie”. Esta permisividad es socialmente aceptada e intencionalmente celebrada.  Al respecto, Octavio Paz escribe:

 

“En esas ceremonias, el mexicano se abre al exterior. Porque el mexicano no se divierte, quiere sobrepasarse, saltar el muro de la soledad que el resto del año lo incomunica. Todos están poseídos por la violencia y el frenesí. Las almas estallan como los colores, las voces, los sentimientos. ¿Se olvidan de sí mismos, muestran su verdadero rostro? Nadie lo sabe. Lo importante es salir, abrirse paso, embriagarse de ruido, de gente, de color.Carnaval Holbox 2

Los personajes que intervienen abandonan su rasgo humano o social y se transforman en vivas, aunque efímeras representaciones. Y todo pasa como si no fuera cierto, como en los sueños. Ocurra lo que ocurra nuestras acciones poseen mayor ligereza, una gravedad distinta: asumen significaciones diversas y contraemos con ellas responsabilidades singulares. Nos aligeramos de nuestra carga de tiempo y razón.

En ciertas fiestas desaparece la noción misma de orden. El caos regresa y reina la licencia. Todo se permite: desaparecen las jerarquías habituales, las distinciones sociales, los sexos, las clases, los gremios. Los hombres se disfrazan de mujeres, los señores de esclavos, los pobres de ricos. Se ridiculiza al ejército, al clero, a la magistratura. Gobiernan los niños o los locos. Se cometen profanaciones rituales, sacrilegios obligatorios. El amor se vuelve promiscuo. A veces la fiesta se convierte en misa negra. Se violan reglamentos, hábitos, costumbres. El individuo respetable arroja su máscara de carne y la ropa oscura que lo aísla, y vestido de colorines, se esconde en una careta, que lo libera de sí mismo”.

Y estos días de despechugue y de “deschongue, de comparsas y comelonas, son días de gloria. El carnaval es el “evento del año” en Holbox. Es una fiesta que convoca a todos sus habitantes y los aviva de manera única. Las comparsas, el mayor atractivo del carnaval, recorren las calles principales cantando canciones que narran historias de la isla y algunos chismes del último año. Las comparsas son las comparsas y, en esto, no se escatima. Los atuendos son espectaculares; la expectativa que generan es un tema serio entre los bailarines. Nunca se ve tanto brillo y color desfilar juntos. La banda acompaña detrás con música en vivo. Se suspende la seriedad y se hacen amigos los enemigos. La plaza principal no tiene espacios vacíos: locales, turistas, músicos, disfraces, marquesitas y puestos de comida. Y se baila salsa, y se “cumbianchea”, como si en verdad las penas se fueran bailando. Y se estalla. Y se guapachea”. Ya dice Villoro que México es un país donde el carnaval no siempre se distingue del apocalipsis. Y sí, no hay sino una amarga y alegre locura en este abrupto vínculo entre individuo y comunidad.

Saben a ron y a salitre las noches de Holbox. Sabe a orgullo y pasión usar penacho y lentejuela. Sabe a embriagante mexicanidad estos cuatro días de primavera.

Y así, en una pequeña isla caribeña que poco a poco se desgaja en manos de quienes nos hacemos adoptar por ella, sus isleños se aferran por enaltecer una costumbre que reivindica su sentido de pertenencia. Una costumbre que alegra almas y libera penas. Resiste el carnaval, y resiste la cultura popular.Carnaval Holbox 1

Karen Reyes Aversa para VIP Holbox
Fotos: Juliana P. Axenfeld

 

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